Imath, un recuerdo sin alma Karla Goró

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El final.
Eso es lo que dicen que soy, pero no están siendo del todo conscientes al expresarlo. Aunque así me parece necesario, ya que es la razón por la que algunos me eligen.
Sin embargo, mi única verdad es que, tanto el gato negro como yo, no somos controlables. No somos ese destino elegido.
Nunca se podrá elegir a uno como decisión final sino como destino, y no, el destino no es como acostumbran a describir. Casi nada de lo que sale de ustedes es comprobable. Las cosas siempre fueron definidas por sí solas, pero esto ya se sabía, se sabía su fuerte necesidad de ponerle un orden a todo.
El gato y yo siempre observamos cómo comenzaron a manejarse, inevitablemente comprendidos. Fueron como un libro de reglas triviales, sumisamente controlados por un solo poder, inexistente.
Él siempre estuvo a la par mío; por otro lado, era un contrario, con una necesidad de integrarse a mí, pero seguía sosteniendo su propia autenticidad. Un lado más crudo, demasiado personal. Comprendí que era imposible juzgar muchos acontecimientos, y que debía sobrellevar mi presencia en su ser porque, como era, era incomprensiblemente catastrófico.
Así que, lo dejé ser.
Ambos pasamos de ser uno solo, a dividirnos.
Mientras a lo que me compete, soy ese punto final al que tanto desean llegar. Pero, mientras observaba a un ser humano joven e indefenso, consumido en confusión y odio, había algo que necesité deber, el posible punto y aparte de mi ser; el que nadie quiere ver por costumbres sumamente aisladas del alma.
¿Quién soy? Lo sabrás, porque puedo ser quien tú quieras que sea para que veas tú verdadero ser, tú –quien vas a ser luego–, soy lo necesario para que continúes y continúes en un interminable desdén del ciclo.
Pero por ahora, en esta historia, solo soy el otro gato.

Karla Goró | Acerca De La Autora

Karla Goró nació el 29 de marzo del 2000, en la provincia de Entre Ríos, Paraná.
Modelo y estudiante en la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER).
Comenzó a leer desde su adolescencia como pasatiempo habitual, pero al pasar los años se animó a convertir esos conocimientos absorbidos como lectora, a expresarse y liberar emociones a través de la escritura.
El género que más refleja en su obra es el thriller psicológico, también le gusta escribir poemas e historias cortas.
Uno de los libros que más ha influido en su vida es "El principito" de Antoine de Saint-Exupéry.
La mayor parte de su inspiración se basa más en la música que en los libros.
"Imath, un recuerdo sin alma", es su primera novela publicada.